jueves, 16 de enero de 2014

…y el sol que apenas me conoce pregunta de qué está hecha mi piel
encandilado le diré que es sólo un traje, que mis verdades viven bien bajo mis pies

puedo escuchar los aullidos y no perder la razón
puedo saber que estoy vivo sin escuchar mi corazón

de la vida no sé más que lo que hay bajo mis uñas
y me asusta que otros puedan entenderlo
sin embargo espero firme el peor de los castigos y lo hago sin siquiera pestañear

puedo escuchar la sentencia y no perder la razón
puedo acusarme de todo menos de acusarme bien
ya entendí
dicen mis brazos
mis manos
mis ojos y mis bocas
todas esas bocas 

ya entendí
dicen las piernas inquietas 
las tripas 
los nervios
las actitudes que se contradicen
con las ideas
con las ganas

ya entendí
dicen los versos
que siguieron a los temblores
a los suspiros y a las risas
inconexas
involuntarias
esas que no quería 
que sintieras, que supieras
y que, muy por el contrario
te escupí
te espeté 

te enchastré

dicen los que saben 
que hay que saber callar 
al cuerpo

eso
como cortar el verso
nunca lo aprendí


lo mismo. 

gracias.

jueves, 14 de febrero de 2013

La Esperanza (vol. - )


Representamos un futuro inexistente;
incierto, al menos.
La Gran Verdad nos explica
sabiamente
confusamente -en el peor
de los casos-
cómo somos parte de la realidad.
Cómo no hay vueltas
entre la ficción y nosotros.
La ficción es una excusa
para la propaganda,
el adoctrinamiento.
La Educación.
El arte está en hacerlo ver familiar.

domingo, 19 de febrero de 2012

Alegorías

Una pala en medio
del desierto
estática, muerta
de risa por dentro.
Alegorías de ya-no-recordamos-qué
para definir estados
de ánimo que ya no sentimos
a fuerza de insistencia,
de repetición.

Neón amarillentando árboles
con total impunidad,
ignorando a unos pocos
poetas melancohólicos
faltos de práctica que,
a oscuras, intentamos
volver a expresar
volver a desahogar
en voz alta, en tinta roja
en el anonimato y con total
impunidad.
Desde el llano
y con rencor.
Desde lo menos hondo
del alma (apenas una dermis
de la psique) pero con rencor.
Con amor y sordidez,
absurdidad
y demás frases robadas.
Diez, doce viñetas
y un remate flojo:
fin.

martes, 7 de febrero de 2012

Cáncer de alma

¿Por qué ibas a querer enredarte en la cola del diablo,
Si es tan fácil ser tu propio confesor?
Si la excusa es tu aire, tu pan de cada día
Tanta pena por querer necesitar.

¿Por qué ibas a creer que esta vez sería distinto?
Si jamás entendiste el libreto a interpretar
Consultaste a tus gurues para luego evitar sus consignas
El aire cruje, no escucharlo es tu crueldad


¿Por qué ibas a esperar que el destino te arregle la vida?
Si hasta el deseo te pesa, ¿por qué ibas a intentar confrontar?
Mejor esquivarlo, mejor evitar la salida
Creyendo que amabas causaste más daño que dicha
Tanta pena por querer necesitar

Y, volví...

Al más fino galope partí del nido materno con la sangre hirviendo de orgullo y la
ansiedad de un Dios.
Encontré un carnaval de acidez que me sentó perfecto y escupiendo flores a cerdos
fui más feliz que nadie.
Compartí mi ansiedad por vivir y hasta mis miserias y entre besos y versos me
encontré vagando de bar en bar.
Tanta combineta, tanto mareo, tanta ansia de amar a terminar tirado en el fondo del
pozo sin nadie a quien moquear.

Caras de barro sonrientes y amantes del furcio; vueltas de tuerca gastadas de
tanto falsear.
Grandes clientes, de un burdel de fantasmas que cobra barato y te enseña que
el mundo es tu abrigo más que tu ansiedad.

Volví… con el caballo algo cansado de tanto yirar y me hice cargo de todo lo bueno y
lo malo de ser inmortal.
Y a pesar de que nunca simpaticé con esa gente que sale a comerse el mundo en pan
de salvado volví a salir para comprobar
Que el desfile de chantas seguía con su corso más vivo que nunca, y yo como un
soldado autárquico hacía la vista más gorda.
Pero la quinta vez que a doce del mes volví a sentir que la lluvia subía en vez de
caer… recé directo al infierno.

Caras de barro sonrientes y amantes del furcio; vueltas de tuerca gastadas de
tanto falsear.
Grandes clientes, de un burdel de fantasmas que cobra barato y te enseña que
el mundo es tu pena, tu gloria y tu única chance de ser...

Y volví a volver… con una valija llena de mortadela para repartir. Solo eso
quedó de mi rebeldía de antaño, de los sueños despiertos que jamás soñaron con ser vividos por nadie capaz de desentonar, de perseverar y de ver su propio nombre tallado en una hermosa piedra de mármol (*).

Castro de Neixón

Festejan al calor del fuego fatuo, celebran cuando vuelven de matar
en silencio al otro lado de la ría, los fantasmas del Castro de Neixón.


Mi niño se ha dormido para siempre, el pueblo ruega por su salvación
pero Dios no sabe amar a un hijo infame, un mar de lágrimas reclama compasión.

Noche y funeral junto a la ría, nadie puede creer la aparición
de naves espectrales desembarcan los fantasmas del Castro de Neixón.


Las animas malditas se presentan, devotas de ninguna religión
dispuestos a ciudad a un niño bueno, que en su vida no tuvo bendición.

El cielo llora lágrimas de furia, las nubes rugen truenos de rencor
las barcas en el mar se desvanecen, un alma nueva abrigan con amor.

Mi niño ya descansa con su gente, en brazos de una hermosa aparición
duerme al otro lado de la ría, con las almas del Castro de Neixón.







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Me cago en el barco que me trajo

Estamos a tiempo de vivir este momento
ese rato donde nadie sabe ni como encarar
dicen que es en vano preguntarse cómo hacer
para pertenecer y ver el sol apagarse
a mi qué más me da
soy más terco que la luz de la mañana
y mis pájaros se hartaron de cantar
siempre la misma canción

El plan no es perfecto pero el tiempo corre lento
un círculo vicioso en el cual cada esquina lastima como si existiera
me pregunto y me contesto cómo hacer que el zumbido se duerma
dejando de llorar
o maldiciendo hasta al barco que me trajo
y a sus miles de felices pasajeros
que suspiran desde el cielo

Nada puede detenerme

siguiendo al viento
persiguiendo el perfume del mar
me dijeron que la muerte
me daría dignidad
que el amor es lo de menos
y ni hablar de voluntad

aquí estoy hoy
veo un vaso y lloro
aunque se que hago pie
en el medio del mar

perdiendo el tiempo
enseñando a cantar al zorzal
evocando a los fantasmas
que bien supe desterrar
el temor es tan perverso
que me cuesta especular

lo se muy bien
nada puede detenerme
porque se que hago pie
en el medio del mar


el viento calla
el silencio es el que aúlla

martes, 27 de diciembre de 2011

violenza domestica

mañana será otro día

seré otro, día



vos, qué vas a ser.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El fantasma

Mejor nunca que temprano
como la primera vez,
que todo sea
como la primera vez.
Firme, sin nada en qu'e pensar
ni en qu'e creer.
Que el miedo oficie de tutor
que el peso de mi historia
sea el Dios
sea el d'ia que seguimos
esperando.
Y que cada vez que suene
una base
una de esas melod'ias que hacen
mover,
que hacen bailar,
creer que un buen final
es un final fel'iz.
Que un final fel'iz
es un buen final.

miércoles, 14 de abril de 2010

Las vueltas del Señor



Cuando caiga reuniré como nunca en buenos tiempos muchas almas persignadas que acompañen mi cajón

Caballeros y señoras cuyos nombres desconozca y que forzando algunas lágrimas me demuestren su pesar

Cuando caiga escucharé cada excusa y reiré de cada idea que en mi honor se llegue a especular

Y desde abajo observaré sin el menor rencor y con la cínica desidia que tuve una vez vivo


Son las vueltas de la vida y su final

Cuando caiga espetaré en el silencio de un cajón las mismas barbaridades que ignoraron cuando fui

Un burgués campante y flojo y un hermoso perdedor que en tristes líneas renegaba de un hermoso funeral

Cuando caiga sentiré junto al ruido de la tierra cómo lloran las viejas que rieron de mi suerte

Y el cantar de los gorriones que se opaca con los golpes de las palas y la grava cayendo en el cajón

Son las vueltas de la vida y su final

Cuando caiga bien sabré si la muerte es tan fatal o si a partir de estar pudriéndome viviré en complicidad

Con esos ídolos que amé y aquellos santos que ignoré y si mis culpas pesan tanto como jodieron en vida

Cuando caiga aceptaré condolencias de fantasmas que ni en chiste aparecieron cuando hubo que pagar

Y lejos de clamar venganza brindaremos por la vida y reiremos de la suerte que fuimos a encontrar

miércoles, 6 de enero de 2010

Se fue el Gitano
y se fue mi amor.

sábado, 17 de enero de 2009

Canción para mi cabeza

ella me pide que escriba otra canción de amor

porque sabe que es la única forma de escupir su voz



ella me dice que abra otra botella y que busque ahí

lo que me viene diciendo desde que me habló



y ella me dicta cuanta incoherencia he de repetir

a quien se me ponga delante y me quiera oir



y ella me explica que es mejor callar todo lo que me dicta

pero que soy tan tonto que igual lo gritaré



y ella se rie porque sabe que si por mi fuera
la dejaría tirada en cualquier rincón
para no verla más
pero se rie porque no hay nada que esperar


y ella se ríe porque sabe que si yo pudiera
la rociaría con nafta y la encendería
por el bien de los dos
pero es tan necio pensar en eso como en que alguna vez
me va a dejar de enfermar
y podré descansar

lunes, 5 de enero de 2009

Celebrate Pathos


Celebremos
El maridaje soez de los hijos sufridos
De familias contradictorias
Con los que anhelan la redención
Rápida, definitiva

Los años que pasaron hace años
Los días que se acabaron con la noche
Cuando la noche llegaba
Antes de mirar el reloj

Los bailes forzados
Entre amigos que rehuyen
Al temblor al hablar de cerca
Sin compatibilidad de excusas

Celebremos
La gauchada del aguante
Por quererme y no por desearme
Por saber sufrirme unas semanas
Hasta llegar al Gran Descanso

Las horas elegantes al calor
De un espejo que nos habla
Del camino que habla morse
Raya raya raya punto

La ilusión triste de la revancha
de cuando llegue la rendición
de cuando sea más humana y se permita
saltar al fondo sólo por verlo oscuro

a los Panero

mi recuerdo vivo es de cuando
la perra parió diez perritos blancos y uno negro.
y papá, que justo se iba de viaje te dijo
"cuando regrese no quiero ver a ninguno de estos animales aquí"
y al día siguiente nos tomaste de la mano a mi hermano y a mi
y metiste a las once criaturas que parecían once ratas
en una caja a la que le hiciste agujeros
y la llevamos al puente, sobre el río
y desde allí los arrojaste.

y lo que siempre te he querido preguntar es
por qué hiciste esos agujeros a la caja



diletantes hasta en la forma
de narrar su historia
la historia
la pose vistosa por lo arreglada
por querer ser
por ser




la familia como lo primero y como lo último

viernes, 2 de enero de 2009

ratas

y al final
para la tapa de su disco
un tercero ratas plasmó (riccardesque)
huyendo
pavada de parábola
hoy que ella chilló
Plana está en crísis
necesita de mí
dos cuarenta y dos
y aún espero
I'm 93 and you're 16
y en esas cajas
agarrate

lunes, 29 de diciembre de 2008

por favor, dejame
de una vez
dijo en su versión más visceral
más allá de quererte o no
como a al mundo entero
me cuelgo de esa frase
que es un mundo
que es mi mundo
y sigo en ese plan
enfermandote
hasta que la lástima se termine
de convertir en desprecio
y olvides que alguna vez
dudaste
lo pensaste
o al menos puedas reirte
de casi haber caido

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La distorsion y el tremolo se apagaron hace rato y yo los sigo escuchando. Al menos eso me queda.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Pepe Grillo & Belcebú se van de copas.

...al final TAMPOCO entendí cuál de los dos estaba de mi lado.

jueves, 9 de octubre de 2008

Dos cerdos del imperio

Una cosa es tá bien clara:
es una historia de nunca acabar
pero a esta altura
intentar cambiar sería casi como
querer ser felíz
(o algo así)

El problema, sí, es mio
¿quién me manda
a andar creyendo en vos?
y al decir vos
no te creas mucho
sos la cara de muchas, de muchos
de mucho

Ni te decidís a hacer
como si hubiera tanto
que perder
como si no estuviese todo
tan rancio
sabido es, y de acuerdo estamos,
en que lo único que amerita todo esto
es fuego
pero ni a eso llegamos.
El único tibio indicio
-y bastante patético termina siendo-
es ese olor a pólvora
húmeda
podrida
que lo único que provoca son náuseas
igual
ni que la fueramos a usar
siempre pasa algo
y todo siempre pasa
por H o por B
gracias a Dios, al menos, siempre
hay un par de letras a quienes
culpar.

La culpa, la culpa
será del que le da de beber
pero ¿qué si el cerdo fuera abstemio?
haría autostop y sería conducido
a Roma
y ahí ¿qué?
un cerdo más en el Imperio.

Bueno
qué va...
ni siquiera entiendo que en casa
solo
nadie me ve
que jamás sabrán si en verdad pasé
diez horas escuchando
las cornetas de los Residents
que, igual, puedo decir
que lo hice.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Memorias escritas en el aire.

Salud, desde aquí saludo
rio, mastico el anzuelo ya sin filo
habrás de preguntar qué será de mi
es que nunca hurgaste en el fondo del río.

Seguí el hedor, te guiará hasta el final
a ver si así encontrás una señal.

Contá qué hacés allá
vistiendo sus ropas, soñando sus vidas, contando sus versos
intentando provocar
risas, sonrisas que aquí nunca llegan.

El asco ya reprime toda señal
a ver si así encontrás una verdad.

Yo aquí estaré muy bien
con mis memorias escritas en este aire que ya resiste
hasta el frío más cortante
y tanto pesa sobre mi cabeza

pero al menos me deja respirar.
Yo aquí estaré muy bien, algo asqueado, algo nomás
viviendo las de Caín, las de Isaac, las mias,
las que alguna vez pagarás.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Hola

Aquí estamos:
en una mesa que no vale por colchón
en un café que hace las veces de escenario
para el epílogo de esta separación.

¿Qué decirte?
si cuando hablé nunca nada cambió ni pestañeó
y eso me enseña que aunque crea como nadie
de nada sirve si me lo invento yo.

Pero es así
de lo que somos dimos todo y no es mentira
que aunque seamos diletantes del esfuerzo
la gente jura que tenemos voluntad.

No olvides nunca:
los perdedores siempre entendimos la revolución
como el comienzo del final que nunca llegará
nos encontramos muertos, por eso vivimos
lo sabemos y para eso vivimos.

Éste
nuestro ateísmo litúrgico nos ruega
encomendarnos al silencio y que nuestro amor
como todo libertario viva el resto
de la eternidad descansando en el mar.

martes, 12 de agosto de 2008

Ahab 38: 19,20

vivo la impaciencia
del que toma la guitarra
sólo para afinarla
y sentarse a esperar
una vida sedentaria
dentro de la cabeza
medio día afuera se siente
en el pecho
nada llega, "ya llegará"
dice el enano, paciente
haciendo caso al cosito que titila
intermitencia o histéria
se acaba el bueno, se abre el malo
cuando el tiempo no apremia
el cambio de vino se siente
a por él, que es porfiado y tragaleche
Querido Diario
hoy me di cuenta de todo
fue cuando le decía a mi amiga
que lo nuestro es sólo garche
que me ame pero se curta
que me deje ser romántico
que me diga que soy lindo
que llore cuando me duermo
que cuando me adoran se siente
Querido Diario
hoy caí en que Lucifer
no era una estrella porno
era mucho menos, era Dios
para los Otros
no hagas caso a la tinta
de cuando te dije que soñaba con ella
con Lucifer, al final
sólo me calentaba el nombre
Querido General
hoy me di cuenta de todo
y tomé la sartén por el fuego
ya dejé de profanarte
ya abandoné el paganismo
ya me sentí más humano
ya dejé la militancia
ya le mentí que es hermosa
ya aprendí a tragar el humo
vivo la impaciencia
del que fuma sin saber toser
sin pensar en que el humo,
cuando viene malparido, se siente

jueves, 17 de julio de 2008

Guau.

Hoy maté un perro.

No fue a propósito, pero lo hice y no sentí culpa ni pena ni lástima.
No comenzó a formarseme un nudo en el estómago cuando, a pesar del volantazo, sentí cómo la punta del auto le daba de lleno en la cabeza y sonaba el "TOC" seco.
"TOC".
No me invadió el horror cuando lo vi por el espejo retrovisor, suspendido en el aire, desarmandose en una contorsión poco común para un vertebrado.
No me produjo ni asco ni repulsión gastar media caja de pañuelos de papel en quitar la sangre del faro y del paragolpes cuando, más adelante, paré en una estación de servicio.
Tampoco me dio bronca -salvo, lo confieso, apenas lo vi- el bollo que le quedó al auto en la chapa.
Fue un hecho que no me va a cambiar la vida ni -excepto por haber escrito esto- me cambió el transcurso del día.

Maté un perro.

Pobre perro.

miércoles, 4 de junio de 2008

Volvió la alegría, Rosa Pantopón.

Un animal herido es un estratega comparado
al miedo de mis púas,
al rencor de mis ganas.
Se opaca incluso junto al escaso brillo de mis dientes podridos,
caninos antaño filosos que alguna vez supieron
desgarrar tu descrédito
-hijo de la eterna apatía que te protegió siempre-
y hoy se contentan con masticar incoherencias.

Miedo, mierda
y calor.

Antes, ¿te acordás? era el calor
del dolor.
La intensidad dulce de sentir el filo.
El calor y la vida.
¡Por fin sentía!
Se vive para morir. Y al fin sentía
la agonía.

Miedo, mierda
y frío.

Hoy, lo sabés, es el frío del vacío.
La angustia helada de sentir la nada.
El frío y la vida.
Nuevamente estoy acá.
Se vive para morir y de nuevo siento
nada.
Vuelvo a tener el frío de siempre,
ese que tu adorado nunca entendió.

¡Compararlo con la muerte!
Con el glorioso fin. La gloria.
La muerte del alma en su juventud.

lunes, 2 de junio de 2008

Paysandú 1933, puerta 2.

El barrio es la cuadra.
Empedrado,
calles anchas, árboles gigantes.
Paternal es la próxima Nación a conquistar en la expansión
del imperio Palermo.
Palermo Bagdad, será.
O al menos ésta cuadra.
Lo anticipó la pared de enfrente
de casa
cuando fue el tiroteo entre los que vendían
en la pensión y los que vendían en el taller,
a donde ibamos a jugar al metegol.
La quedaron unos cuantos.
Pero ahora tenemos metegol
en casa.

El barrio es la cuadra,
el PH, el pasillo.
Por su vida y por sus personajes.
El fondo encuentra a la paraguaya,
su madre y su hija de quince,
belleza guaraní.
Arriba Luis.
El padrino berreta que maneja
la empresa -una cochería
fantasma- desde el más allá.
Desde el fondo.
La prole: un plato.
El Cholo y su eterna cara de orto.
Kity y su obsecuencia. Ni que fuera tan
tan falso.
La hija, la zorra,
la amante del barrio.
Su amor no entiende de hijos,
de novios ni de amores
y hace caso omiso
de sus hijos, de sus novios
de su amor.
En la calle duermen las camionetas,
Unidades de Traslado
pintadas de ambulancia
para no pagar peajes.
Mortal
el calco de Use el cinturón
en la ventana de atrás,
por donde suben a los fiambres.
Al frente paro yo.
Y Rama.
Aquí nació y aquí se queda.
Salvo cuando se pega
un susto y amaga rescatarse.
Me voy unos días
del barrio
a lo de mi vieja,
no me quiero tentar más.
Y se borra. Se va
a lo de la vieja. A
una cuadra y media.

Es que el barrio es
la cuadra. El pasillo.
El pasillo, el nexo,
sigue la estética y la ética
de sus transeúntes.
Los nietos del padrino, hijos
de la zorra
-los zorritos- a los gritos
chapoteando
en la eterna laguna
del goteo de un grifo.
Una camilla rota,
jubilada,
degradada hoy a cargar restos
de lluvia.
Lo que queda del
V8 de la Chevrolet vieja
de Rama, mal tapado
por un pasacalles deshilachado.
Fuerza, papá. Te queremos.
Tus hijos.
La puerta, siempre abierta.
El camino al mundo real
vive custodiado
por zorritas y sus novios
entrelazados, bailando
sin moverse
las cumbias lateras
del parlante del celular.
O por Kity y el Cholo limpiando
el interior de las camionetas
de los fiambres.
O por Harry,
primer marido de Adriana
Aguirre, que duerme
ahí o en la esquina,
con un perro.
O por Chuky, el inmortal.
Lleva diez años de sida
y fácil tres balas adentro.
Dos siguen ahí.
O por cinco, diez mutantes
con camisetas del Bicho
y cartones y porros y botellas
a los gritos, frente
a mi ventana.
El que fumaba paco ya no viene
más.
Era bueno, pobre. Un perseguido.
Una vez salí medio de golpe
y se asustó. Salió corriendo.
No paró hasta la esquina. Enseguida,
desde allá, se asomó,
me vio.
Volvió despacito.
Es que me buscan, me dijo.
Pobre.
Se habrá muerto.

El barrio es la cuadra.
Pasás de la esquina y sólo hay empedrado,
calles anchas, árboles
gigantes.

jueves, 29 de mayo de 2008

Impulse

contrabajo tocado con arco
muestra, sugiere
FU...
FUU...
el tipo callado del quinteto
por fin habla
por fin se lo ve hablar
todo el tiempo percutía
TUM...
TUMM...
ahora que se calló el resto
se lo oye arrastrarse
hacia el frente
levantar de a poco la cabeza
y dejar ver los vasos
rojos
de sus enormes ojos
abiertos
secos
quizás la única parte seca
de su cuerpo
el traje empapado
la cabeza, calva, chorreando sudor
lágrimas de esfuerzo
de calor
el tipo del saxo
-el líder, el que manda-
vuelve de chutarse y el resto
despierta del sueño
vuelve
para el del bajo vuelven los otros
para el tipo del saxo
-el líder, el que manda-
vuelve la banda
para los tres que quedaban
vuelven los dos
para la gente
quién mierda sabe
quién vuelve







(a Jimmy Garrison)

lunes, 19 de mayo de 2008

Abelardo, el Pollock.



Y el enano que la va de Dios
hoy faltò
el buen motor de esta nave super esport
hoy no vino
¿què serà de estos fieles engranajes?
¿què serà de nosotros?
Pedazos de carne y piel, sangre.
Podès crear arte con solo pasar la mano
por la pared enchastrada.
Por la pared enchastrada.
Nuestras vìsceras cayendo apàticas
y el suelo ni las espera.
Lo mismo le da, tripas o mentiras.
Aesta altura què màs da.
Mentiras disfrazadas de miedo.
Què màs da.
Mentiras disfrazadas de baja autoestima.
Mentiras que te paran la del ego.
Te la erectan y vos ni lo disfrutàs.

-----

Y el enano que la va de Dios
hoy se lava las manos. Como siempre.
Que puede, que lo dejan. Que quiere.
Que se deja. Que quiere. Que cree que lo dejan.
Que quiere.
Sufre.
Pero es lo que quiere.
¿Por què?
Porque es enano. Y pedalea.
Mundos. Mundo.
El mìo. O eso creì.
Cuando lo sentì detràs.
Saltando. Dando golpecitos y escuchandolo caer.

------

Papel rosado, palabras filosas.
Papel reciclado, usado de un solo lado.
Usado por mi. Del otro lado está la vida.
Real.
Del lado en cuestión: exteriores, interiores,
noches y días.
Y jotas.
Palabras que un día son y al otro no.
Y al otro sí y al otro no. Y sí.
Pero no.
Sí.
Pero no se puede aceptar.
Por el enano (ni por mí)
Tripas, pared. Tripas.
Y el piso que no aguarda.
Nada.
Apático.
No sabe, siquiera, qué gusto han de tener.
Él se lo pierde.
Qué daría yo por saborear mis tripas.
¿Saladas, amargas, dulces?
Agrias.
¿Qué será de esta nave super esport?
De nosotros, engranajes.
Oxidados.
Óxido de un día.
Venido de la vez que,
enano, hijo de mil putas,
te sentí llorar.

Chivo.

Sos hermoso
Pantalón blanco, camisa bordó
cinto hebilla ancha
pañuelo al cuello

Sos hermoso
Campera cuero marrón
gomina en el bigote
y el capuchón Bic saludando desde el seno
izquierdo

Sos hermoso
Las arrugas en tus ojos
forman un asterisco de bondad
y el agujero de tu dentadura deja sentir
el fétido aroma de tu corazón dulce

Sos hermoso
Te veo regresar del baño
por el largo y oscuro pasillo
caminando junto a los cajones de Brahma
y Palermo. Rojos, verdes
complementarios del alma
de todo paisano de bar

Sos hermoso
Los acaricias al pasar
sin darte cuenta, sólo porque tu bondad
te guía la mano
como un crío que percute, corriendo,
una reja. Inocente, felíz
Tranquilo

Sos hermoso
Pasás a mi lado y sonreís al verme
ni te importa
ni mirás
a un pelotudo que escribe
y bebe. Y mira la previa
de Banfield-San Martín de San Juan

Partido chivo.

lunes, 12 de mayo de 2008

Derrota.

Juanito está ahí abajo
mezclando los menjunges.
Ya viene, es cuestión
de minutos
para que podamos beber
sentir
ser
la nueva vieja verdad
el sentir del pueblo.
Gente
ex pueblo
(logro de años de garcaje vencedor).

El pueblo ERA argentino,
pero el diego ES de la gente.

martes, 29 de abril de 2008

N.P.

A la Diosa de taco aguja
y barba de días
le agradezco los cadáveres
y los vapores
y las tías.

Y su férrea voluntad
de entrar caminando a la nada
envuelta en mil banderas
de alaridos urgentes,
de colores de moda.






(a Rosa)

Pacífico.

Pienso.
Sifón, Toro Viejo y vaso sucio.

La gente bien me mira
y se ríe.
Los borrachos me miran
y sonríen.

Molina -no el de Roos,
el de verdad- ya hace rato
dejó el bar.
Seguro que en Madrid
no lo escuchan hablar
del jefe, de la mujer.
De la carrera no hablará
porque acá la dejó,
en Agronomía, al lado
de Comu.

Después de Molina
se fueron yendo todos.
Iban viniendo mozos
nuevos, feos.
Jóvenes.
Me terminé yendo
también yo,
qué iba a hacer ahí.

Sin Molina, con el Toro
cada vez más caro
y el vaso cada vez
más limpio.

miércoles, 23 de abril de 2008

El vino y la tierra.
La tierra del vino. Y el sol.
Los pueblos. La gente y el vino.
Juventud, divino tesoro embarrado
en vino.
Y sol. Sol.
Egos.
Mastican bronca. Pierden.
Ego.
Pasan factura y siguen perdiendo,
esta vez con sabor a victoria.
Ego.

El elefante recuerda
que tiene memoria
y se pudre de todo esto.

Grande.

La nena de doce es sordomuda.
Le fascina la astronomía.
Silencio.
Ensimismada es felíz.
No escucha pésames
ni lamentos.
Se esfuerza por ver.
Y ve. O no.
Pero al menos no oye.

El silencio. La observación.
El silencio.

***

El orgullo de los padres sólo es comparable a las marcas en sus caras. Las arrugas no son sino cauces de ríos de lágrimas, ya secas hace rato.
Comentan la pasión de Lara por los astros tanto como su inteligerncia.
Y voiluntad. Y ganas. De ser felíz.
De ser alguien.
De ser.

***

Pero no.
Pareciera que jamás
se le cruzó algo así
por la cabeza.
Ella es y ya.
Y.
Lo que escucha es el silencio.
No a sus padres. No a.
Al silencio.
Mi Chevy y mi telescopio.

jueves, 10 de abril de 2008

La Gran Vía.

Miro polo por tevé.
Desde la mesa del lugar que una vez me quiso.
Otros dueños, otra estética. otra gente.
La gente que entonces me acompañó hoy no existe.
Sólo vive su cuerpo -y vaya si vive-.
Por la vereda pasa un tipo con un enorme camello de telgopor a cuestas.
Sí. Debería parecerme raro.

Me río.

A pesar de la aridez, la montaña se ve verde.
Arbustos secos, yuyos, cactus.
Se oye, haciendo eco en la ladera, el estruendo de un río.
Suena fuerte, imponente.
Voy en su búsqueda.
Dando una vuelta, cruzando un sendero y trepando unas piedras, llego a él.
Apenas un arroyito.

martes, 8 de abril de 2008

Un día en la vida de Dios.

Conejos jugando ciegamente con agujas y alfileres (de esos que se rehusan a ver su brillo).
El último bastión de la cultura cantábrica luchando por el metal
(el genio cuya bondad logra vencer a la locura).
Corderos jugando a vivir como la gente real en el mundo real.
Dos paulistas en barrio de tango que merecen una Biblia aparte.
Un veneno cada vez más sintético e inocuo (ocupado en mejorar día a día su etiquetado envase).
El pavo real (puntero 'e Mandinga) que sigue mascullando incongruencias que nadie termina de comprender.
Mandarinas agrias que sienten su sabor y caen del árbol.



Un eterno porfiado que acepta, callado, una derrota cantada hace años.
La música no suena desde hace rato, ya.


Evasión.
Fútbol, fútbol, fútbol.

jueves, 3 de abril de 2008

El tango segun el pueta.

"El tango es lo más cercano a la realidad que la realidad misma vio."


"El tango es mi sesenta por ciento. El resto está compuesto por el resto de la mentira."

sábado, 22 de marzo de 2008

Chivas Regal

Y una dulce melodía, Fairport Convention, a un volúmen moderado. No termino de sentirme fino cuando de la otra habitación empieza a llegar MOLOTOV.
Al taco.
Mejor, entonces, le pongo tónica al whisky y enciendo un 43/70. Así me siento un poco más culpable.

martes, 18 de marzo de 2008

Dudas, siempre dudas
sólo obedecer a las tripas.
Son lo único caliente.
El colmo del altruismo
y terminar entregando sin dar.
La fuerza del cariño
y a babear con la mirada perdida.
Pare de sufrir.

domingo, 16 de marzo de 2008

Una de cuando había un futuro.

Pravda llevaba la mirada fija.

Como perdida, pero fija. Encerrado en pensamientos ajenos a su actualidad, a su realidad. Pensamientos que lo llevaban por lugares y sensaciones placenteras, ideales. Como cuando, al observar una vista única o una obra de arte magistral, se viaja mentalmente por cada rincón del lienzo y del paisaje, saboreando cada gota de sus ríos y de su pintura.



Pensaba en la vida.

No en su vida. En vidas que no le había tocado vivir y en aquellas a las que alguna vez había aspirado cuando el Partido todavía tenía la base del aparato sindical, una importante masa obrera y una fuerte proyección nacional. No en su vida actual.



Pensaba en otras épocas.

Cuando convencía, extasiado, a los apáticos estudiantes a unirse a la causa. Cuando, verborrágico y febril, contrastaba la situación actual de los obreros con el poder que tendrían cuando el Partido llegase a ocupar el lugar que reclamaba. Nadie persuadía como él. Nadie creía tanto en la causa como él.



Veía aquel manantial de esplendor.

Miraba hacia abajo, delante suyo, y cada milímetro de formas retenía el enfoque de su mirada. Su cabeza se arremolinaba en inconexos pensamientos vespertinos, amodorrados luego de doce horas de trabajo y la resaca de la morfina, que ya pedía más.



Miraba fijamente. Y sabía que lo que miraba no le pertenecía.

Pero no pensaba en eso. No lo entendía de esa manera, sino como un salvavidas del momento. Una almohada en donde reposar la cabeza durante ese rato tedioso, odiosamente onírico, soñando esa sensación de hastío.







Y el sobresalto. La calle bacheada que denotaba la entrada a la zona portuaria y el tranvía que se sacudía más que de costumbre.



El regreso a la realidad.


***


Pravda se refregó los ojos y, antes de dirigirse hacia la puerta del fondo, miró por última vez hacia abajo, al hermoso escote que lo había acompañado en todo el trayecto desde la fábrica hasta la sede del comité.



Y se despidió con la mirada, como cuando, en un viaje, al contemplar una vista única o una obra de arte magistral, se sabe que será la última vez que se le aprecia, y se saborea cada gota de sus ríos y de su pintura.





Una vez abajo, observó como el tranvía se alejaba hasta dar vuelta la esquina, se acomodó la gorra y comenzó a caminar.

viernes, 7 de marzo de 2008

Henry mancini y el perdido contacto con la sangre.

Moon River, wider than a mile,
I'm crossing you in style some day.
Oh, dream maker, you heart breaker,
wherever you're going I'm going your way.
Two drifters off to see the world.
There's such a lot of world to see.
We're after the same rainbow's end--
waiting 'round the bend,
my huckleberry friend,
Moon River and me.





Hace pocos meses me invitaron a tocar unos temas a un programa de radio. A charlar de mis bandas y a tocar temas mios. Quienes me conocen saben que mi soltura y desenvolvimiento al momento de subir a un escenario como parte de una banda son inversamente proporcionales a los del momento de salir sólo con mi guitarra. Que para mi es un momento aterrador y que -hace poco- casi que me hice cargo de que no me gusta.
Ese momento no iba a ser la excepción, por lo que preparé lo mejor que pude unos tres o cuatro temas mios que ensayé, sólo, en mi casa, varias veces antes de tomar la guitarra, las armónicas y los dos vinos de regalo que llevaba para tomarme en la radio.
La cuestión fue que el programa se fue retrasando y mi aparición se dio a unos pocos minutos de terminar el horario. Sólo había tiempo para hablar dos o tres giladas del -por entonces nefasto- presente de mis bandas y para tocar sólo dos temas.
Asi es que toqué un tema mío -todo muy lindo- y cuando me dijeron que tocara un tema más para cerrar el programa, sólo quise tocar una canción. Hermosa.
Moon River, de Henry Mancini -compositor, entre tantos otros, del genial tema de la Pantera Rosa-.

Resulta que -como todo el mundo tuvo o debería haber tenido- tuve dos abuelos: Manolo, el paterno, que acaba de regalarme su flamante autobiografía (que pronto se apropiará de este espacio) y el materno, Paco, que llegó de Tucumán a los dieciseis años para tocar la trompeta en la orquesta estable de Radio El Mundo y años más tarde llegar a director de la Orquesta Sinfónica Municipal.

No conocí muy bien a mi abuelo Paco, que murió cuando yo tenía trece años. Pero tengo recuerdos que valen una vida, como cuando lo veía sentado en el comedor de su casa de San Miguel, al lado del piano, transcribendo partituras en enormes cuadernos con su estilográfica Rothring, o menos arties pero no menos hermosos, como verlo arrancar una ramita de la parra de uvas para revolver el café post-asado; o, los domingos a la tarde en la quinta, ir sigilosamente a espiar cómo dormía la siesta en su auto (un hermoso Fiat Europa celeste) mientras "escuchaba" el partido de River -"jugó bárbaro, no sé cómo perdió", decía después-.

Pero el recuerdo que viene al caso -el recuerdazo a secas- es cuando merendábamos en la cocina de San Miguel, en esa mesa redonda que cuando venía gente costaba mucho abrir para agrandarla, con el mantel de tela a cuadritos -quizás por eso mi mantel favorito es a cuadritos- y la coca cola de vidrio de un litro que, una vez abierta tapaban con una tapa de goma muy rara para que no pierda el gas. Terminabamos de almorzar y él se iba a dormir la siesta y, después de esas dos, tres, cuatro larguísimas horas de silencio obligado, mi abuela me mandaba a despertarlo. Luego de una brevísima modorra donde su cara de sueño mutaba en una sonrisa cuando yo lo miraba, merendábamos y veíamos La Pantera Rosa -que al día de hoy sigue siendo mi dibujo animado favorito-, los dos juntos.

La cuestión es que en esa época el cierre de la serie iba con una especie de corto fílmico donde se veía un concierto en un enorme anfiteatro al aire libre, donde la Pantera -animada sobre la película- conducía a la orquesta que tocaba el clasiquísimo Pink Panther Theme. Al terminar el tema, desde el fondo del anfiteatro vacío se escuchaba un único aplauso. La cámara se dirigía al fondo y ahí estaba él: Henry Mancini, sentado en una de las últimas filas, aplaudiendo la dirección orquestal del cancherísimo dibujo animado. En ese momento mi abuelo, que no se privaba de repetir una y otra vez las cosas que parecían emocionarlo -tengo a quién salir- me decía "¿Ves? Ese es Henry Mancini, el compositor del tema de la Pantera Rosa". A lo que yo entendía: "Ese es el creador de la Pantera Rosa". Basicamente, entendía algo así como: "Ese es Dios".


Esa noche en la radio, necesité tocar ese tema, mi favorito de Henry Mancini. Porque me lo pidieron las tripas. Porque era demasiado importante para no tocarlo. Porque es uno de los recuerdos más lindos de mi infancia y porque -como otras cosa sque venían al caso- me da ganas de vivir.

sábado, 16 de febrero de 2008

Como hormigas rojas bajo mi cuerpo.
Miro hacia arriba. Un culo.
Más allá, las estrellas.
Presentes como nunca.
Mis manos se alzan alabando al gigante, no al cielo.
Error.
Los astros. Dios.
Qué ciego soy.
Arena fría y seca.
Pedregullo y el sonido de las olas.
No sé lo que es el frío.
Jamás lo entendí.
Temor. El temblor viene después.
Viene cuando el cuchillo está en lo alto.
La voz dice que no.
Una joda.
El goma el goma que casi achura a su hijo.
La evidencia que evidencia lo evidente.
Todo está y estuvo siempre ahí
pero tiene que sonar para verlo.
Clic.
Un cabezazo en la nariz y la sangre.
Clic.
Una perilla, un switch, un algo.
Y todo frena. Se ve más claro.
Lo bueno, lo malo.
Lo feo.
Clic.
Y se frena.

jueves, 31 de enero de 2008

Escrito y dirigido por David Lynch.

La primera parte no viene demasiado al caso. Habíamos estado hablando mucho con I*, del futuro y del pasado, por lo que terminé soñando en apenas unos minutos (a juzgar por última vez que vi la hora antes de quedarme dormido y la hora que era al despertarme del sueño) una ensalada de sucesos donde los protagonistas y locaciones -íconos del anarquismo, primer y segundo cordón del conurbano, gemelos y tristes clubes del ascenso (¿?)- se relacionaban con el entorno de dos ex novios de mi chica. Dado que, por lo que me contó de ellos, puede decirse que -sin conocerlos- ambos me caen bien, el sueño no fue ni molesto ni perturbador, sino solamente absurdo.

Simples caprichos de Narcos, y que al cadáver de Freud le den por culo.

La segunda parte del sueño es la que viene a motivar un relato. Caminando por la calle me detiene un púber de unos trece años y me pregunta dónde conseguir una tabla de skate. Le digo "ahí" y le señalo el edificio frente a nosotros, donde se leía "Tablas de Skate". Acto seguido le arrebato la tabla de skate que él mismo llevaba bajo el brazo y, luego de dar un fuerte golpe con la tabla en la fachada del edificio, escapo patinando. Doblo en la primer esquina y veo unas casas tipo duplex con la cochera descubierta en el frente, muy comunes en el barrio donde nací y donde parecía transcurrir el sueño. El tema es que en dicho garage se exhibían -provocadoramente producidas- dos chicas, mientras que una tercera, vestida de oficinista y con una carpeta en la mano, parecía esperar clientes junto a ellas. Me detengo a mirar y a intentar entender de qué la iba el lugar. Pese a la luz del día y el aspecto inofensivo de las tres chicas -las dos aparentes trabajadoras del sexo me sonreían con complicidad- la escena tenía algo de oscuro. Siguiendo con este plan, despliego una colchoneta a un lado (¿?) y prosigo con mi pasiva contemplación. En eso llega, caminando por la vereda, una típica vecina de zona norte de unos cuarenta y tantos años, teñida de rubio y pregunta si es ahí la dirección que busca. La recepcionista intenta explicarle que debe estar confundida, cuando la mujer termina de convencerse: "sí, sí, es acá... Nahuel, Lucas, Martín, vengan...". Y ante la atónita mirada de las tres chicas, empieza a entrar una interminable cantidad de niños de unos diez años. A pesar de los intentos de hacer entender que el lugar debía estar siendo, sin duda, equivocado, los niños seguían cayendo. Era inútil. Ya llegaba la segunda Combi llena, y seguían entrando. Ahí es cuando llega el padre -una especie de Tony Perkins pero más alto, feo y con cara de hincha de Ferro- y ante el encare desesperado de la mencionada encargada del lugar, empieza a alardear: "No, chiquita... quedate tranquila. Vengo del banco, me sobra. Ayer volví de Europa, soy periodista y fui a hacer una nota, me pagaron un millón de dólares. Ahora me voy al hipódromo a ganar otro millón." La recepcionista, notablemente más tranquila, pareció entonces olvidar que estaba accediendo a festejar un cumpleaños infantil en un prostíbulo encubierto y se dedicó a dejarse llevar por los patéticos encantos del nuevo rico.

Me levanto de la colchoneta y me subo a mi auto, que estaba estacionado enfrente.

Lo que sigue es puramente una secuencia digna de Lynch, el director cuyo talento para el cine es inversamente proporcional al buen gusto por las camisas que usa.

Cuando pongo en marcha el motor se acerca un tipo al auto. Con un semblante espantosamente lúgubre y una actitud más que sospechosa, cumpliría perfectamente el típico rol de "tipo misterioso" de las úiltimas películas de David. Antes de que alcance el auto arranco y acelero rápido, dejándolo atrás. Al llegar a la otra esquina me para un policía. O algo así... se notaba que no era policía, pero lo aparentaba. Otro personaje cien por cien Lyncheano. Sé que no va a terminar bien, pero igual me detengo y bajo la ventanilla. Me increpa. Sin dejar de insultarme, me inventa no sé qué infracciones y me dice "bajá del auto, Matías Vázquez". Le digo que está equivocado, que ese no es mi nombre y cuando estoy por alcanzarle mi documento atino a rescatarme y le pregunto si por favor puede identificarse. Se enfurece más y me dice que no quiere identificarse, que no me haga el vivo. Arranco violentamente -al menos todo lo que me permitía esa lentitud oníirca que hace que cuando en un sueño tenemos que apurar la marcha todo sea a velocidad babosa, y que en ese momento atribuí a que el auto era gasolero (¿?)- y me doy nuevamente a la fuga. En seguida me doy cuenta que me siguen. Un auto me empieza a sobrepasar, un Chevy negro. Cuando vuelvo a mirar al frente, unos treinta metros adelante, la calle estaba casi completamente bloqueada por otro Chevy negro, atravesado. Todo estaba perdido. O no. Junto coraje e intento una maniobra temeraria, piso a fondo y encaro a pasar por el minúsculo hueco libre.
En ese momento siento algo en el pie que pisaba el acelerador... algo peludo que se movía y subía por mi pierna.

Horror. Habían pensado en todo. Ahora sí estaba perdido.

Oportuno momento para que, durmiendo, I* se estire en la cama, por sobre mi pierna.

miércoles, 30 de enero de 2008

Poleas

Fiesta, amén de la existencia
un enano gigante
que pedaleando veinticuatro horas
mueve al mundo...

Poleas...

Ruia, salva al mundo
de la gran apatía
motines, libertinaje
pura emoción...


Un tonto lava
y un bobo enjuaga


Poleas...



(letra para I Suck)

martes, 29 de enero de 2008

Hola, me llamo Nicolás y soy MÚSICO.

"I need a crowd of people, but I can't face them day to day" ("On the beach", Neil Young)



Para empezar, dos hechos puntuales:
- El disco que más estoy escuchando ultimamente es una ñoñada. "Full circle", de 1970, el segundo de la banda Forest.
- Yo, que siempre declaré fervientemente que no sobreviviría ni tres semanas sin una banda, hoy no tengo una banda.

¿Dónde se cruzan estos dos factores? Después de amagar durante años, con A* comenzamos finalmente a gestar un proyecto -que ya tiene nombre, Los Templarios-. Ni siquiera hubo un ensayo -aunque sí grabamos algunas bases-, pero ya está bastante establecido de qué la va la cosa... parece apuntar al psych folk de fines de los 60', como Forest, banda que me hizo conocer A*.

A qué voy. A esto mismo. Me agarro. Con fuerza.

De algo.

A riesgo de sobrecatarsear -¿monguear?- este relato, sigo aclarando, aun a riesgo de oscurecer...

Quienes me conocen saben de mi imposibilidad por guardar el dinero para algo que sirva. De mi consumismo impulsivo en todo lo que se relacione con música o libros. Que cada vez que paso por la vidriera de una disquería o un local de instrumentos musicales me acuerdo de eso que dijo Marx -no Groucho; el otro, el aburrido- de que la mercancía nos llama desde el escaparate y nos hace caras y señas seductoras con sus garras. Me resulta inimaginable volver del trabajo con el sueldo en el bolsillo sin pasar por lo menos dos o tres horas por la zona de Talcahuano y por las disquerías y librerías de Corrientes. En cuanto a las librerías y disquerías, el resultado es una pared llena de esos cositos ya casi obsoletos que se ponían en el discman, un par de cajas grandes de LP's con tapas que no me canso de mirar -sí me canso de levantarme a dar vuelta el disco-, y una gran biblioteca que rebalsa de sabiduría -o papel impreso y encuadernado, dependiendo de cómo se lo quiera ver-.
En cuanto al resultado de mis giras por la zona de Talcahuano con los bolsillos calientes, la cosa es un poco más seria. Puede decirse que estoy muy bien equipado. O puede decirse que tengo una interminable pila de instrumentos musicales, amplificadores y aparatos electrónicos ocupando espacio, molestando y siendo el vivo retrato de mi falta de habilidad para ejecutarlos.

A qué voy. A esto mismo. Me agarro. Con fuerza.

De algo.

El disco de Forest empieza con un tema que tiene un violín tocado como el culo, haciendo cosas muy simples y que quedan muy lindas. Dije "yo puedo tocar eso" -¿?-. Me tomé un bondi al centro y me compré el violín más barato que encontré. Llegué, intenté afinarlo y se me rompieron dos cuerdas. Le pegué -fuerte- a la pared y dejé el violín ahí.
En vez de tomar clases, practicar mucho y -de una puta vez- aprender a tocar bien la guitarra, sigo prefiriendo tocar un poco de cada cosa. Escucho a Nick Drake y quiero tocar la guitarra como él, pero escucho una canción pop o folk cualquiera, de esas simples pero tremendamente lindas, y pienso que no hace falta tocar bien para hacer buena música. Es entonces cuando se materializa frente a mí el fantasma de Nick Drake y me dice que para hacer buena música hay que ser buen músico, no comprarse instrumentos.

Pero yo necesito agarrarme con fuerza.

De algo.

jueves, 24 de enero de 2008

decaimiento

Asientos
que se hunden cuando
tienen el honor de sostenerme
¡bestias!
¡bestia!
ególatra descreído de la vida
supuesto entendedor
devenido espectador de lujo
de una realidad obtusa que no entendés
nefasta perra que un día se cansará
de escupirte en la cara y actuará.

¿Ves? que no ven
nadie ve
no saben y por eso logran ser
y tu sangre sigue pretendiendo
mantener su temperatura
dentro de un cuerpo frío
estéril
que arde de tan seco que es.

Y ¿qué decir de tu séquito
de jorobados invisibles?
servidores de fantasía
que sólo vos ves
que -para despertar tu ira-
sólo aparecen cuando no los querés ver
que con su emprendimiento, lejos de ayudarte,
sólo te empujan torpemente hacia la nada
hacia más nada
la nada de todos
el todo de todos.


***



Concebida como tema para I Suck

miércoles, 23 de enero de 2008

Llorar por estupideces. (Estupideces. Sí, claro...)

"Y sobreviví sólo para contártelo" (Libro de Job)*



Lloré. Lloré como nunca. No como se lagrimea al sentir una expresión artística llegarnos a lo más profundo. Lloré a moco tendido. Lloré con ganas, con rabia y con fuerza.
El último poeta beat. El último erudito que sobrevivió a la calle, al alcohol y a la mierda del mundo. Y se quedó para contármelo. A mí. A pesar de mi apatía general y de mi desprecio a creer que las cosas llegan cuando tienen que llegar quizás llegó cuando más lo necesitaba.

Lloré como si revolvieran en lo más hondo de mí. Como si se cerrara un círculo.
Recuerdo que F*, amiga de esas que no lo son tanto ni desde hace tanto, pero que por esas casualidades -o no tanto, quizás entendió todo y quiso estar ahí- me acompaño en gran parte de la vigilia para estar ahí adelante conmigo, me dijo al otro día que no quiso "molestarme" en ningún momento de lo que duraron la entrevista y los dos temas.

Recuerdo viva -desde que entré y hasta bastante después de que empezara la entrevista- cada vez que me daba vuelta y veía el teatro cada vez más lleno. Veía a mis amigos por todos lados. Veía a los amigos que sentía que tenían que estar ahí y a las butacas vacías que esperaban a los que no iban a llegar. Recuerdo que, cuando lograba salir del embrujo, me daba vuelta y lo primero que veía, inevitablemente, era la sonrisa de D*. También fue su padre el que lo indujo en los amargos encantos del poeta bendito.

Mucho antes lloré cuando hablé con mi papá, Manolo, que estaba acompañando a mi mamá en un momento de mierda. Mi abuela estaba internada y yo estaba sentado en la fila 1, butaca 7, esperando por ver a Tom Waits. Y Manolo, con quien siempre fantaseamos cómo sería ese momento, no estaba al lado mío. Estaba en la sala de espera de un hospital. Me acuerdo que le dije "estoy a dos metros del piano". Y lloramos. Y, fanatismos melómanos de lado, en ese momento a los dos nos importó una puta mierda Tom Waits y el piano y la concha de Dios. Y lloramos, telefonía celular mediante, lloramos.




*No es que sea un asiduo lector de la Biblia, es que con esta cita comienza uno de los últimos capítulos de Moby Dick, de Herman Melville.

Los vencedores arrojan ejemplares de “La Verdad” al río.

Pravda sube al palco ubicado en el medio del escenario. El auditorio, repleto, duerme.
Literalmente.
Algunos roncan, otros tienen la mirada perdida en algún punto de la sala. Nadie nota la llegada del orador.
Seguro de si mismo, comienza su discurso, manejando la retórica como sólo él sabe. Calmado pero firme, con una dinámica que va captando rápidamente la atención general. Ahora nadie es indiferente a las palabras y a la figura de Pravda.
Ora tanto con la voz como con el cuerpo. Mueve los brazos enérgicamente, agita el cuerpo, se inclina hacia adelante generando que las primeas filas tiendan a retroceder unos centímetros, impresionados.
El público, extasiado, comienza a gritar con él.
Algunos se ponen de pie. Saltan. Se golpean a ellos mismos y entre sí.
Se abrazan. Se besan. Se tocan.
Se arrancan la ropa y se golpean.
Pravda, con los ojos inyectados de sangre, se afloja el nudo de la corbata, sin detener su discurso. Se saca el abrigo y lo arroja a un lado.
Nadie entiende de qué habla, pero es lo de menos.
El auditorio es una gigantesca y violenta orgía. Vuelan butacas, ropa, zapatos, sangre, semen.
El griterío es ensordecedor.
Ya no se escucha la voz de Pravda, pero él sigue. Rojo de ira, gritando, gesticulando, golpeando el atril.



***



El estado de la sala es deplorable. Sólo la mitad de las butacas quedaron fijadas en el piso. El resto está tirada en los pasillos o apiladas en montañas quemadas. Quedan algunos cuerpos, seguramente vivos, desparramados, acostados, amontonados. El piso es un enchastre de sangre, fluidos, mierda, papeles, canutos de cocaína, y retazos de ropa. La intermitencia de un par de tubos de luz que siguen funcionando a medias ilumina la sala de manera fantasmal. En la habitación contigua al auditorio, que hace las veces de camarín, Pravda, sentado sobre un baúl, busca su vena para inyectar morfina. Está satisfecho de sí mismo. Dio un gran discurso. Siente que es el orador que necesitan las masas para acompañar al Partido en este proceso, el más importante que haya atravesado la Nación. Siente que es él es el nexo vivo entre el pensamiento intelectual y la clase obrera.



***



Pravda muere en Ecuador en 1908, aparentemente asesinado por la actual dirigencia del Partido, acusado de haber huido del país robando tres veces su peso en arroz.

martes, 22 de enero de 2008

(In)dependencia.

El otro día mi chica me dijo:

-Tomemos un tren.
-¿A dónde?
-A cualquier lado.

Asi es que a la mañana siguiente empacamos cámara de fotos, la guitarrita de viaje -la pequeña- y unos pesos para boletos y refrescos -la térmica gruñía amenazante- y partimos hacia la ¿ciudad? ¿pueblo? de L*.
El verdadero viaje no era el destino, sino el viaje en sí. Mirar por la ventanilla abierta y aturdirse con la desorientación del viento dentro de los recovecos de la oreja.
Una de las paradas -no podía llamarse "estación" sin hacer algún tipo de mueca al pronunciar esa palabra-, con nombre de algún ignoto militar (al estilo Coronel Albino Gorostiaga), ofrecía un panorama bastante desolador. Del andén -una derruída plataforma de unos cuarenta centímetros de alto por no más de siete metros de largo, a la que los yuyos del suelo casi sobrepasaban en altura- salía un angosto sendero de tierra que se alejaba hacia calle de tierra donde se divisaban algunas casitas.
I*, entonces, me dijo algo resaltando la dependencia al tren que debía de tener la gente que viviera en ese pueblo. Dependencia, entiéndase, en cuanto a la interacción que esta gente quisiese tener con la capital, o con poblaciones un poco más grandes. A no quedar aislada.

De ahí al delirio hubo sólo unos segundos.

Imaginé al instante a un hipotético poblador del lugar. De unos sesenta años, bajito, encorvado, de ojos chiquitos y arrugados y con la piel cobriza curtida por el sol. Vestía unas zapatillas blancas, jean, y una camisa a cuadros cuidadosamente metida dento del pantalón cerrado sin cinturón. Cubría su cabeza semicalva una gorra de visera de un tono rosado desteñido que alguna vez fue de color rojo y donde todavía se entendía el logo de Coca-Cola, y cargaba un pequeño bolso deportivo de mano donde a duras penas se leía la marca Diporto.
La escena mostraba como el hombre llegaba, antes del alba, a la mencionada "estación" del pueblo y veía un cartel que tapaba el letrero del nombre de la estación. En este nuevo cartel se leía "RAMAL CERRADO".
El hombre se queda parado, inmovil, mirando la nueva intervención de la civilización en su parada de todos los días, dos, tres minutos, quizás, con el canto de los grillos como única respuesta a su desconcierto. Entonces apoya el bolso en el suelo. Saca de su bolsillo todo lo que éste contenía: un billete de dos pesos y unas monedas, las tira al pasto cubierto de rocío, y lenta y despreocupadamente comienza a desnudarse. Una vez completamente desnudo, abre el bolsillo exterior del bolsito Diporto, extrae de él un taparrabos, se lo pone, y comienza a caminar en dirección opuesta al ahora difunto recorrido del tren.

Al cabo de caminar unos kilómetros, ya con el sol terminando de asomar entre los árboles, se detiene. Levanta la cabeza y fija su vista en unas nubes. A los pocos segundos las nubes ya no son nubes. Son Enrique Bunbury, en cuero y con gafas oscuras, que le dice al señor:

-Debes salvar al pueblo.
-...
-Debes hacer un festival de rock.
-...

Mientras hablaba, Bunbury no miraba al pueblerino devenido salvaje, sino que balanceaba su cabeza lentamente de un lado a otro, mirando -aunque sus gafas ocultaran su mirada- levemente hacia arriba.
El salvaje tampoco contestaba. Se limitaba a mirar fijamente a la figura de Bunbury, y a pestañear.

-Las bandas vendrán...- seguía diciendo la aparición -...las bandas vendrán.

***

A todo esto llegamos a L*. A la orilla del río, sacamos fotos y nos sentamos en el pasto a componer una canción. Es lógico que la melodía de voz haya estado influída un poco por la del cantante zaragozano. No puedo culparme por eso.

Como sea, regresamos a casa, y al otro día la grabé.



Hela aqui.