miércoles, 23 de enero de 2008

Los vencedores arrojan ejemplares de “La Verdad” al río.

Pravda sube al palco ubicado en el medio del escenario. El auditorio, repleto, duerme.
Literalmente.
Algunos roncan, otros tienen la mirada perdida en algún punto de la sala. Nadie nota la llegada del orador.
Seguro de si mismo, comienza su discurso, manejando la retórica como sólo él sabe. Calmado pero firme, con una dinámica que va captando rápidamente la atención general. Ahora nadie es indiferente a las palabras y a la figura de Pravda.
Ora tanto con la voz como con el cuerpo. Mueve los brazos enérgicamente, agita el cuerpo, se inclina hacia adelante generando que las primeas filas tiendan a retroceder unos centímetros, impresionados.
El público, extasiado, comienza a gritar con él.
Algunos se ponen de pie. Saltan. Se golpean a ellos mismos y entre sí.
Se abrazan. Se besan. Se tocan.
Se arrancan la ropa y se golpean.
Pravda, con los ojos inyectados de sangre, se afloja el nudo de la corbata, sin detener su discurso. Se saca el abrigo y lo arroja a un lado.
Nadie entiende de qué habla, pero es lo de menos.
El auditorio es una gigantesca y violenta orgía. Vuelan butacas, ropa, zapatos, sangre, semen.
El griterío es ensordecedor.
Ya no se escucha la voz de Pravda, pero él sigue. Rojo de ira, gritando, gesticulando, golpeando el atril.



***



El estado de la sala es deplorable. Sólo la mitad de las butacas quedaron fijadas en el piso. El resto está tirada en los pasillos o apiladas en montañas quemadas. Quedan algunos cuerpos, seguramente vivos, desparramados, acostados, amontonados. El piso es un enchastre de sangre, fluidos, mierda, papeles, canutos de cocaína, y retazos de ropa. La intermitencia de un par de tubos de luz que siguen funcionando a medias ilumina la sala de manera fantasmal. En la habitación contigua al auditorio, que hace las veces de camarín, Pravda, sentado sobre un baúl, busca su vena para inyectar morfina. Está satisfecho de sí mismo. Dio un gran discurso. Siente que es el orador que necesitan las masas para acompañar al Partido en este proceso, el más importante que haya atravesado la Nación. Siente que es él es el nexo vivo entre el pensamiento intelectual y la clase obrera.



***



Pravda muere en Ecuador en 1908, aparentemente asesinado por la actual dirigencia del Partido, acusado de haber huido del país robando tres veces su peso en arroz.

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