Moon River, wider than a mile,
I'm crossing you in style some day.
Oh, dream maker, you heart breaker,
wherever you're going I'm going your way.
Two drifters off to see the world.
There's such a lot of world to see.
We're after the same rainbow's end--
waiting 'round the bend,
my huckleberry friend,
Moon River and me.
Hace pocos meses me invitaron a tocar unos temas a un programa de radio. A charlar de mis bandas y a tocar temas mios. Quienes me conocen saben que mi soltura y desenvolvimiento al momento de subir a un escenario como parte de una banda son inversamente proporcionales a los del momento de salir sólo con mi guitarra. Que para mi es un momento aterrador y que -hace poco- casi que me hice cargo de que no me gusta.
Ese momento no iba a ser la excepción, por lo que preparé lo mejor que pude unos tres o cuatro temas mios que ensayé, sólo, en mi casa, varias veces antes de tomar la guitarra, las armónicas y los dos vinos de regalo que llevaba para tomarme en la radio.
La cuestión fue que el programa se fue retrasando y mi aparición se dio a unos pocos minutos de terminar el horario. Sólo había tiempo para hablar dos o tres giladas del -por entonces nefasto- presente de mis bandas y para tocar sólo dos temas.
Asi es que toqué un tema mío -todo muy lindo- y cuando me dijeron que tocara un tema más para cerrar el programa, sólo quise tocar una canción. Hermosa.
Moon River, de Henry Mancini -compositor, entre tantos otros, del genial tema de la Pantera Rosa-.
Resulta que -como todo el mundo tuvo o debería haber tenido- tuve dos abuelos: Manolo, el paterno, que acaba de regalarme su flamante autobiografía (que pronto se apropiará de este espacio) y el materno, Paco, que llegó de Tucumán a los dieciseis años para tocar la trompeta en la orquesta estable de Radio El Mundo y años más tarde llegar a director de la Orquesta Sinfónica Municipal.
No conocí muy bien a mi abuelo Paco, que murió cuando yo tenía trece años. Pero tengo recuerdos que valen una vida, como cuando lo veía sentado en el comedor de su casa de San Miguel, al lado del piano, transcribendo partituras en enormes cuadernos con su estilográfica Rothring, o menos arties pero no menos hermosos, como verlo arrancar una ramita de la parra de uvas para revolver el café post-asado; o, los domingos a la tarde en la quinta, ir sigilosamente a espiar cómo dormía la siesta en su auto (un hermoso Fiat Europa celeste) mientras "escuchaba" el partido de River -"jugó bárbaro, no sé cómo perdió", decía después-.
Pero el recuerdo que viene al caso -el recuerdazo a secas- es cuando merendábamos en la cocina de San Miguel, en esa mesa redonda que cuando venía gente costaba mucho abrir para agrandarla, con el mantel de tela a cuadritos -quizás por eso mi mantel favorito es a cuadritos- y la coca cola de vidrio de un litro que, una vez abierta tapaban con una tapa de goma muy rara para que no pierda el gas. Terminabamos de almorzar y él se iba a dormir la siesta y, después de esas dos, tres, cuatro larguísimas horas de silencio obligado, mi abuela me mandaba a despertarlo. Luego de una brevísima modorra donde su cara de sueño mutaba en una sonrisa cuando yo lo miraba, merendábamos y veíamos La Pantera Rosa -que al día de hoy sigue siendo mi dibujo animado favorito-, los dos juntos.
La cuestión es que en esa época el cierre de la serie iba con una especie de corto fílmico donde se veía un concierto en un enorme anfiteatro al aire libre, donde la Pantera -animada sobre la película- conducía a la orquesta que tocaba el clasiquísimo Pink Panther Theme. Al terminar el tema, desde el fondo del anfiteatro vacío se escuchaba un único aplauso. La cámara se dirigía al fondo y ahí estaba él: Henry Mancini, sentado en una de las últimas filas, aplaudiendo la dirección orquestal del cancherísimo dibujo animado. En ese momento mi abuelo, que no se privaba de repetir una y otra vez las cosas que parecían emocionarlo -tengo a quién salir- me decía "¿Ves? Ese es Henry Mancini, el compositor del tema de la Pantera Rosa". A lo que yo entendía: "Ese es el creador de la Pantera Rosa". Basicamente, entendía algo así como: "Ese es Dios".
Esa noche en la radio, necesité tocar ese tema, mi favorito de Henry Mancini. Porque me lo pidieron las tripas. Porque era demasiado importante para no tocarlo. Porque es uno de los recuerdos más lindos de mi infancia y porque -como otras cosa sque venían al caso- me da ganas de vivir.
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4 comentarios:
es muy lindo esto enie, muy bonito de verdad
queee linddooo
ximen
me resulta conmovedor leer este tipo de relatos, quizás es porque mi propia infancia me conmueve tambien..ja.. De todas formas este es particularmente conmovedor. Y ya perdió sentido la palbra. Conmovedor.
besoo
casi se me pianta un lagrimon. genial. ya mismo puse moon river cantada por audrey hepburn.
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