Miro polo por tevé.
Desde la mesa del lugar que una vez me quiso.
Otros dueños, otra estética. otra gente.
La gente que entonces me acompañó hoy no existe.
Sólo vive su cuerpo -y vaya si vive-.
Por la vereda pasa un tipo con un enorme camello de telgopor a cuestas.
Sí. Debería parecerme raro.
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