A pesar de la aridez, la montaña se ve verde.
Arbustos secos, yuyos, cactus.
Se oye, haciendo eco en la ladera, el estruendo de un río.
Suena fuerte, imponente.
Voy en su búsqueda.
Dando una vuelta, cruzando un sendero y trepando unas piedras, llego a él.
Apenas un arroyito.
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