lunes, 19 de mayo de 2008

Abelardo, el Pollock.



Y el enano que la va de Dios
hoy faltò
el buen motor de esta nave super esport
hoy no vino
¿què serà de estos fieles engranajes?
¿què serà de nosotros?
Pedazos de carne y piel, sangre.
Podès crear arte con solo pasar la mano
por la pared enchastrada.
Por la pared enchastrada.
Nuestras vìsceras cayendo apàticas
y el suelo ni las espera.
Lo mismo le da, tripas o mentiras.
Aesta altura què màs da.
Mentiras disfrazadas de miedo.
Què màs da.
Mentiras disfrazadas de baja autoestima.
Mentiras que te paran la del ego.
Te la erectan y vos ni lo disfrutàs.

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Y el enano que la va de Dios
hoy se lava las manos. Como siempre.
Que puede, que lo dejan. Que quiere.
Que se deja. Que quiere. Que cree que lo dejan.
Que quiere.
Sufre.
Pero es lo que quiere.
¿Por què?
Porque es enano. Y pedalea.
Mundos. Mundo.
El mìo. O eso creì.
Cuando lo sentì detràs.
Saltando. Dando golpecitos y escuchandolo caer.

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Papel rosado, palabras filosas.
Papel reciclado, usado de un solo lado.
Usado por mi. Del otro lado está la vida.
Real.
Del lado en cuestión: exteriores, interiores,
noches y días.
Y jotas.
Palabras que un día son y al otro no.
Y al otro sí y al otro no. Y sí.
Pero no.
Sí.
Pero no se puede aceptar.
Por el enano (ni por mí)
Tripas, pared. Tripas.
Y el piso que no aguarda.
Nada.
Apático.
No sabe, siquiera, qué gusto han de tener.
Él se lo pierde.
Qué daría yo por saborear mis tripas.
¿Saladas, amargas, dulces?
Agrias.
¿Qué será de esta nave super esport?
De nosotros, engranajes.
Oxidados.
Óxido de un día.
Venido de la vez que,
enano, hijo de mil putas,
te sentí llorar.

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