lunes, 2 de junio de 2008

Paysandú 1933, puerta 2.

El barrio es la cuadra.
Empedrado,
calles anchas, árboles gigantes.
Paternal es la próxima Nación a conquistar en la expansión
del imperio Palermo.
Palermo Bagdad, será.
O al menos ésta cuadra.
Lo anticipó la pared de enfrente
de casa
cuando fue el tiroteo entre los que vendían
en la pensión y los que vendían en el taller,
a donde ibamos a jugar al metegol.
La quedaron unos cuantos.
Pero ahora tenemos metegol
en casa.

El barrio es la cuadra,
el PH, el pasillo.
Por su vida y por sus personajes.
El fondo encuentra a la paraguaya,
su madre y su hija de quince,
belleza guaraní.
Arriba Luis.
El padrino berreta que maneja
la empresa -una cochería
fantasma- desde el más allá.
Desde el fondo.
La prole: un plato.
El Cholo y su eterna cara de orto.
Kity y su obsecuencia. Ni que fuera tan
tan falso.
La hija, la zorra,
la amante del barrio.
Su amor no entiende de hijos,
de novios ni de amores
y hace caso omiso
de sus hijos, de sus novios
de su amor.
En la calle duermen las camionetas,
Unidades de Traslado
pintadas de ambulancia
para no pagar peajes.
Mortal
el calco de Use el cinturón
en la ventana de atrás,
por donde suben a los fiambres.
Al frente paro yo.
Y Rama.
Aquí nació y aquí se queda.
Salvo cuando se pega
un susto y amaga rescatarse.
Me voy unos días
del barrio
a lo de mi vieja,
no me quiero tentar más.
Y se borra. Se va
a lo de la vieja. A
una cuadra y media.

Es que el barrio es
la cuadra. El pasillo.
El pasillo, el nexo,
sigue la estética y la ética
de sus transeúntes.
Los nietos del padrino, hijos
de la zorra
-los zorritos- a los gritos
chapoteando
en la eterna laguna
del goteo de un grifo.
Una camilla rota,
jubilada,
degradada hoy a cargar restos
de lluvia.
Lo que queda del
V8 de la Chevrolet vieja
de Rama, mal tapado
por un pasacalles deshilachado.
Fuerza, papá. Te queremos.
Tus hijos.
La puerta, siempre abierta.
El camino al mundo real
vive custodiado
por zorritas y sus novios
entrelazados, bailando
sin moverse
las cumbias lateras
del parlante del celular.
O por Kity y el Cholo limpiando
el interior de las camionetas
de los fiambres.
O por Harry,
primer marido de Adriana
Aguirre, que duerme
ahí o en la esquina,
con un perro.
O por Chuky, el inmortal.
Lleva diez años de sida
y fácil tres balas adentro.
Dos siguen ahí.
O por cinco, diez mutantes
con camisetas del Bicho
y cartones y porros y botellas
a los gritos, frente
a mi ventana.
El que fumaba paco ya no viene
más.
Era bueno, pobre. Un perseguido.
Una vez salí medio de golpe
y se asustó. Salió corriendo.
No paró hasta la esquina. Enseguida,
desde allá, se asomó,
me vio.
Volvió despacito.
Es que me buscan, me dijo.
Pobre.
Se habrá muerto.

El barrio es la cuadra.
Pasás de la esquina y sólo hay empedrado,
calles anchas, árboles
gigantes.

3 comentarios:

F .- dijo...

este me encantó che.

Anónimo dijo...

me encantó me encantó!!!

x

Roberto dijo...

lograste captar un momento de bs as muy interesante... felicitaciones