jueves, 9 de octubre de 2008

Dos cerdos del imperio

Una cosa es tá bien clara:
es una historia de nunca acabar
pero a esta altura
intentar cambiar sería casi como
querer ser felíz
(o algo así)

El problema, sí, es mio
¿quién me manda
a andar creyendo en vos?
y al decir vos
no te creas mucho
sos la cara de muchas, de muchos
de mucho

Ni te decidís a hacer
como si hubiera tanto
que perder
como si no estuviese todo
tan rancio
sabido es, y de acuerdo estamos,
en que lo único que amerita todo esto
es fuego
pero ni a eso llegamos.
El único tibio indicio
-y bastante patético termina siendo-
es ese olor a pólvora
húmeda
podrida
que lo único que provoca son náuseas
igual
ni que la fueramos a usar
siempre pasa algo
y todo siempre pasa
por H o por B
gracias a Dios, al menos, siempre
hay un par de letras a quienes
culpar.

La culpa, la culpa
será del que le da de beber
pero ¿qué si el cerdo fuera abstemio?
haría autostop y sería conducido
a Roma
y ahí ¿qué?
un cerdo más en el Imperio.

Bueno
qué va...
ni siquiera entiendo que en casa
solo
nadie me ve
que jamás sabrán si en verdad pasé
diez horas escuchando
las cornetas de los Residents
que, igual, puedo decir
que lo hice.

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